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Los jamoicanos

16 octubre 2013

Mientras espero a que el autobús atraviese el tráfico voy a contarles una anécdota superficial y sin sentido. La titulé “Los jamoicanos”.

Después de haber salido de una ardua jornada laboral, que tuvo como cereza del pastel dos horas y media de reuniones, nuestro joven, culto y apuesto protagonista se dispuso a bajar los más de 80 escalones que marcaban el camino de vuelta a su casa. La tarde era excepcionalmente bella, los rayos del Sol comenzaban a pintar de colores encendidos partes del cielo, mientras que las nubes proporcionaban un descenso en la temperatura suficiente para que la sensación de no utilizar abrigo fuera agradable y tentadora.

Una vez que hubo bajado todos esos escalones, nuestro protagonista vio a un hombre con una canasta de mimbre que vendía volovanes. Dado que el pobre ya tenía hambre, decidió comprar algunos para apaciguar su tripa y poder llegar a la parada del autobús sin tener que preocuparse por si iba a desmayarse a medio camino o no. Lo que nuestro joven, culto y apuesto protagonista no sabía era que, una simple pregunta, al igual que el efecto de una mariposa aleteando sus alas sobre Beijin, iba a ocasionar una serie de eventos que concluirían con la redacción de este relato que estás leyendo.

– ¿De qué son los volovanes?

Preguntó el joven, culto y apuesto protagonista.

– Nada más me quedan de manjar y jamoicanos.
– ¿Y de qué son los jamoicanos?
– De queso de hebra, piña, chile y la cosa esa parecida al jamón.

En este punto nuestro joven, culto y apuesto protagonista, quien por cierto también es un aficionado a las comidas exóticas y sabores raros, decidió que no estaría de mas probar uno de esos jamoicanos. Tal vez fue la idea de probar algo nuevo, tal vez fue el hambre, pero nuestro protagonista decidió comprar dos de esos jamoicanos.

Cuando le dio la mordida al primero, le supo como cualquier volovan frío, de esos que llevan todo el día paseando por las calles en busca de un comprador que les hinque el diente. Conforme lo iba comiendo mientras caminaba a la parada para tomar el autobús que lo llevaría de vuelta a casa, y en última instancia a escribir esta anécdota, se dio cuenta de que los jamoicanos no eran exactamente como se los habían vendido. Sí, la piña estaba ahí, sin embargo no había rastro del chile y el queso de hebra era queso tipo americano, en cuanto al ingrediente secreto, la cosa esa parecida al jamón, resultó ser salchicha. A pesar de todo el jamoicano no sabía tan mal, o probablemente era el hambre, pero nuestro protagonista igual lo disfrutó. Una vez que lo hubo terminado, nuestro protagonista se preparaba para saborear nuevamente los sabores del segundo jamoicano y acabar de una vez por toda con su hambre. Pero lo que nuestro joven, culto y apuesto protagonista no esperaba, era que su segundo jamoicano fuera de manjar.

La novia perfecta

1 junio 2009

Para mí ella era perfecta, la clase de mujer con la que todos quieren salir, pero con quien es muy difícil lograrlo debido a todos los “requisitos” que los interesados deben de satisfacer. Sin embargo yo era afortunado, no porque lograra satisfacerlos todos, para ser sinceros, creo que era el que menos requisitos satisfacía sin embargo, yo tenía algo que hacía que ella prefiriera pasar tiempo conmigo y no con alguno de sus pretendientes. Eso me llenaba de alegría ya que muy en el fondo, yo también ansiaba tener algo más que una amistad con ella.

Salimos como amigos durante algún tiempo y yo siempre hacía lo posible por llamar su atención y por hacer que me viera como más que un amigo sin embargo, a pesar de que todos mis intentos terminaban en fracaso, nunca me di por vencido; debo reconocer que, en aquél entonces era una persona mucho más obstinada de lo que soy hoy en día. Así pasaron algunos meses, hasta que ella empezó a tener parejas. Yo tuve que retirarme provisionalmente, pero nunca abandoné la idea de que algún día ella y yo seríamos más que amigos. Durante esa temporada a menudo salía con ella… y su novio. Para mi era una tortura tener que salir con la mujer que amaba… y el hombre que supuestamente ella amaba. Pero, ¿cómo negarme a una invitación suya? Además, desde que ella había decido buscar pareja, pasábamos menos tiempo juntos, y cada momento que pudiera estar cerca de ella era para mi lo máximo; sin importar que ahí también estuviera el galán de turno abrazándola todo el tiempo, reclamándola sólo para el y tratándola como si sólo fuera un objeto, un trofeo cualquiera que puedes sacar para presumir a los demás.

Un día me desperté decidido a cambiar mi situación, no estaba dispuesto a ocultarle mis sentimientos un día más; así que le hablé por teléfono y le pedí que nos viéramos esa misma tarde para hablar de “cosas muy importantes”. Acordamos reunirnos en un café, cuando ella llegó se veía más radiante que nunca y yo me sentí más miserable que nunca. Al verla cruzar el umbral de la puerta todo empezó a ralentizarse, los ruidos y las charlas de los demás parroquianos disminuyeron hasta volverse casi imperceptibles y sólo había un haz de luz el cual la iluminaba y la hacía parecer un ángel. Me saludó, se sentó en la mesa y me preguntó para que la había llamado. Tomé sus manos entre las mías, me armé de valor y saqué fuerzas no sé de dónde para decirle todo lo que sentía por ella.

Ya han pasado algunos años, ahora soy una persona feliz que vive en su casa con jardín, un perro, dos niños hermosos y una esposa amorosa. Sin embargo, mi esposa no es la misma persona de quien les hablé. Aquella tarde en el café, después de que le confesé todo lo que sentía, me dijo que yo no era su tipo y que nunca podría haber algo entre nosotros, a partir de ese día dejó de hablarme, yo creí que nunca más podría encontrar a alguien como ella sin embargo, la vida te da sorpresas.

Una historia cualquiera

18 septiembre 2008

Una vez más volvió a pasar, no se si realmente soy un estúpido o sí solo lo hago por esa cosa que algunos dicen es amor…

Dos años de altibajos; me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, parecía que le quitábamos los pétalos a una margarita; nunca tuvimos lo que algunos consideran una “relación oficial”, de hecho dudo que hubieramos tenido algún tipo de relación. Ella simplemente me hablaba cuando necesitaba algo de mí y yo siempre acudía a su llamado sin protestar, talvez lo hacía por quedar bien, o porque me gusta que los demás me pisoteen… pero pensándolo bien, creo que siempre hacía lo que hacía porque la amaba, aún la amo. Sin embargo a ella no le importaban mis noches de desvelo ni las veces que me desvivía por ella, por complacerle sus caprichos; ella solamente veía en mi a una persona a quién podía pedirle infinidad de favores sin preocuparse porque yo le pidiera algo a cambio, después de todo, para que son los amigos.

Pero no, yo no era su tipo, yo lo sabía así como también sabía que ella estaba enterada de que yo la amaba y que ocultaba ese amor por miedo a hechar a perder una amistad que ni siquiera existía. Siempre suspirando por ella, siempre viendo resignado como ella tenía por novio a un tipo cada vez peor que el anterior.

Después de un tiempo de meditarlo, decidí que ya no sería el mismo estúpido de antes, estaba dispuesto a seguir mi vida sin ella, ya no me importa si ella termina con algún imbécil que solo la usa para coger, ya no me importa si ella necesita mi ayuda y, sobre todo, ya no me importa si alguna vez ella realmente llegó a considerarme su amigo o si en algún momento llegó a sentir lo mismo que yo sentí por ella.

Ahora paso mis días dedicado a mis estudios y las noches… las noches son lo mejor de todo, me la paso con mis amigos de bar en bar, de antro en antro… tomando… bailando… buscando mujeres que solo buscan una relación de una noche, o un rapidín en el baño, definitivamente mi vida es diferente ahora soy un adicto al sexo y al alcohol… pero no lo hago por gusto, lo hago para olvidar, aunque sea por un momento cuanto la amé… cuanto la amo.