Posts Tagged ‘Literatura’

Un día cualquiera

24 octubre 2008

Él había estado toda la mañana sentado en ese banco de madera de la vieja estación del ferrocarril, aunque eran las 11:00 y el verdadero calor aún no empezaba, todas las personas buscaban instintivamente la sombra de los almendros para tratar de cubrirse un poco de los rayos del Sol, esos rayos que sofocaban a todos los que se encontraran en la calle entre las 11 de la mañana y la 1 de la tarde. Como era costumbre en los calurosos días de verano, el pueblo quedaba desierto durante esas horas, las personas preferían quedarse en sus casas, refugiándose del Sol y combatiendo el calor con ventiladores o abanicos.

Sin embargo, él permanecía inmóvil en aquel banco de la vieja y polvorienta estación; el que antes había sido el pueblo más próspero de la región, ahora se encontraba sumido en la miseria debido al cierre del ingenio azucarero, lo único que quedaba era la vieja estación del ferrocarril, la cuál en sus mejores días recibía trenes que llegaban de los alrededores abarrotados de trabajadores y campesinos que, buscando la forma de ganarse la vida, venían a trabajar durante las temporadas de siembra y cosecha de la caña, así como durante la zafra. Sin embargo, esos días habían quedado muy atrás, ahora solo pasaban por el pueblo uno o dos trenes a la semana, y muy rara vez alguien se apeaba en ese pueblo olvidado. La vieja estación que en sus mejores tiempos había tenido baldosas de granito, paredes pintadas de amarillo, amplios ventanales para evitar que los viajeros murieran sofocados por el calor y altos techos de dos aguas formados por vigas de madera y tejas rojas, ahora no era más que un edificio en ruinas; a las baldosas del piso que mejor les había ido se encontraban cuarteadas, al resto le faltaban partes que seguramente se fueron desprendiendo con el paso de los años y las restantes, las restantes habían desaparecido, dejándo en su lugar parches cuadrados de tierra en los que crecía alguna que otra hierba; el color de las paredes también había desaparecido casi por completo, en muchas partes había rayones creados por los jóvenes, o manchas de orines y excremento dejadas por los borrachos o drogadictos que usaban la estación como refugio por las noches; los amplios ventanales casi habían desaparecido, la mayor parte de los cristales que los conformaban habían sido rotos por piedras y el resto se encontraba cubierto por una gruesa capa de polvo que se fue adhiriendo a ellos con el paso de los años; y el alto techo de madera y tejas era una completa ruína, en la parte norte de la estación el techo colapsó por completo mientras que en el resto del edifició se podían ver agujeros donde hacían falta tejas que habían caído al podrírse la madera que las soportaba. La amplia sala de espera que en otros tiempos estaba llena de viajeros ahora se reducía a un par de bancos colocados en el andén, en uno de los cuales él estaba sentado, sin inmutarse, a pesar del calor.

Era la una de la tarde y el seguía ahí, sentado; solamente usaba de vez en cuando la manga derecha de su vieja camisa a cuadros para secarse el sudor y la grasa de la cara, él estaba absorto en sus pensamientos cuando, de pronto, se oyo el silbato de un tren que se iba acercando a la estación; al oír aquél sonido él hombre se levantó de su asiento y se acercó a la orilla del andén, esperando a que llegara el tren y los viajeros bajaran. Con inquietud y nervisismo vio como el tren iba disminuyendo su marcha mientras se acercaba al andén; el tren era una vieja locomotora diesel pintada de rojo con una franja amarilla que la recorría longitudinalmente, los dos únicos vagones que conformaban aquel tren eran más viejos que el hombre de la estación y se encontraban llenos de óxido por todas partes. Cuando el tren finalmente se detuvo frente al andén, el hombre de la estación se puso aún más nervioso, como si estuviera esperando que alguien bajara de alguno de aquellos vagones, sin embargo, sólo se apearon un par de personas que habían ido a la capital a atender quién sabe qué asuntos; una vez que ambos bajaron el tren volvió a emprender su marcha y el hombre se quedó parado en el andén mientras veía como el tren se alejaba lentamente, al principio, para ir ganando velocidad gradualmente. Una vez que el tren desapareció por completo de su vista el hombre se dió la vuelta dispuesto a retirarse de la estación mientras pensaba mañana será otro día.

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Una historia cualquiera

18 septiembre 2008

Una vez más volvió a pasar, no se si realmente soy un estúpido o sí solo lo hago por esa cosa que algunos dicen es amor…

Dos años de altibajos; me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, parecía que le quitábamos los pétalos a una margarita; nunca tuvimos lo que algunos consideran una “relación oficial”, de hecho dudo que hubieramos tenido algún tipo de relación. Ella simplemente me hablaba cuando necesitaba algo de mí y yo siempre acudía a su llamado sin protestar, talvez lo hacía por quedar bien, o porque me gusta que los demás me pisoteen… pero pensándolo bien, creo que siempre hacía lo que hacía porque la amaba, aún la amo. Sin embargo a ella no le importaban mis noches de desvelo ni las veces que me desvivía por ella, por complacerle sus caprichos; ella solamente veía en mi a una persona a quién podía pedirle infinidad de favores sin preocuparse porque yo le pidiera algo a cambio, después de todo, para que son los amigos.

Pero no, yo no era su tipo, yo lo sabía así como también sabía que ella estaba enterada de que yo la amaba y que ocultaba ese amor por miedo a hechar a perder una amistad que ni siquiera existía. Siempre suspirando por ella, siempre viendo resignado como ella tenía por novio a un tipo cada vez peor que el anterior.

Después de un tiempo de meditarlo, decidí que ya no sería el mismo estúpido de antes, estaba dispuesto a seguir mi vida sin ella, ya no me importa si ella termina con algún imbécil que solo la usa para coger, ya no me importa si ella necesita mi ayuda y, sobre todo, ya no me importa si alguna vez ella realmente llegó a considerarme su amigo o si en algún momento llegó a sentir lo mismo que yo sentí por ella.

Ahora paso mis días dedicado a mis estudios y las noches… las noches son lo mejor de todo, me la paso con mis amigos de bar en bar, de antro en antro… tomando… bailando… buscando mujeres que solo buscan una relación de una noche, o un rapidín en el baño, definitivamente mi vida es diferente ahora soy un adicto al sexo y al alcohol… pero no lo hago por gusto, lo hago para olvidar, aunque sea por un momento cuanto la amé… cuanto la amo.