Archive for the ‘Análisis’ Category

Morir de miedo… ajeno

7 enero 2011

El arroz dorado

Imagen de Wikimedia Commons

En el año 2000, Ingo Potrykus, científico alemán del Instituto de Ciencias Vegetales de Instituto Federal Suizo de Tecnología, anunció haber conseguido introducir en una variedad de arroz dos genes (uno de una bacteria y otro de la flor del narciso). Con estos genes, este alimento esencial de 3 mil millones de personas en Asia y África biosintetiza beta-caroteno natural, una sustancia que nuestro cuerpo utiliza para producir vitamina A. El objetivo Potrykus era darle una fuente de vitamina A al 10% de las personas que dependen del arroz y tienen una grave deficiencia de vitamina A. La falta de vitamina A, que afecta aproximadamente a un tercio de los niños del mundo es una deficiencia nutricional grave, ocasiona anualmente la muerte de unos 670 mil niños menores de 5 años, la ceguera a entre 250 mil y 500 mil niños más y participa en problemas de bajos niveles de crecimiento entre los niños.

El resultado, el “arroz dorado”, llamado así por su color amarillo anaranjado a diferencia del blanco del arroz común, era además un proyecto humanitario. A diferencia de las semillas transgénicas producidas como negocio por empresas de biotecnología, el arroz dorado se creó para darse gratuitamente a los agricultores, en especial los pobres.

Ante esta promesa, diversos grupos presuntamente ecologistas, muy destacadamente Greenpeace, se aferraron al dogma de oponerse a todo organismo genéticamente modificado (sea que alteren sus propios genes o que se introduzcan genes de otros organismos, como en este caso). Sin explicaciones, sin justificaciones, “como asunto de principios”, dijo el director de la campaña contra el arroz dorado Benedikt Haerlin quien en 2001 amenazaba con “acciones”, en el estilo habitual del grupo (su afirmación, en ese email, de que la gente tendría que comer 9 kg diarios de arroz para obtener la vitamina A necesaria, por cierto, es una mentira clarísima; 144 gramos rinden el consumo diario recomendado, muy por encima de lo necesario para evitar la deficiencia de vitamina A). Cierto que sería mejor que esos 3 mil millones de personas tuvieran acceso a dietas balanceadas con tuberosas, verduras de hojas y frutas, pero es inviable en la situación socioeconómica y política actual. Ante una acción positiva, real e inmediata, los pseudoecologistas optaron por la fantasía. Como decirle a una víctima de un apuñalamiento que “lo mejor sería que no lo hubieran apuñalado” y usar eso como argumento para no darle atención médica.

Ya retirado, Ingo Potrykus, que fue además atacado, amenazado e insultado por su intención de salvar seres humanos (al grado que su invernadero suizo era una instalación de alta seguridad antiterrorista) se ha dedicado al Consejo Humanitario del Arroz Dorado para conseguir que este grano se ponga a disposición de quienes se beneficiarían de él. En 10 años de oposición, son millones las muertes y casos de ceguera y otras afecciones que se podían haber evitado, vidas que han dependido de lo que cada vez parece más una religión, con dogmas inatacables, principios no sometidos a discusión y un rechazo a la ciencia que poco se diferencia del que practican los creacionistas, pseudomédicos y conspiranoicos más delirantes.

Mosquitos contra el dengue

2011 amanece con otra historia de horror de simulación ecologista de la que nos informa Jorge Alcalde, director de la revista Quo.

Imagen de Wikimedia Commons

A fines de 2010, las autoridades de Malasia anunciaronque emprenderían un programa para liberar mosquitos machos genéticamente modificados de la especieAedesw aegypti para controlar la fiebre del dengue, causada por un virus cuyo vector es, precisamente, ese mosquito. El dengue infecta a entre 50 y 100 millones de personas al año, medio millón de las cuales necesitan hospitalización, y mata a unas 12.500 personas en toda la franja tropical del planeta, endémico en 110 países.

El mosquito macho básicamente tiene genes que hacen que sus crías sean inviables, reduciendo así la población del mosquito.

Sistemas así ya se usan desde hace años aunque la modificación genética se hace mediante radiación nuclear. El gusano barrenador del ganado, larva de la mosca Cochliomyia hominivorax ha sido controlado en Estados Unidos y el norte de México produciendo primero por selección artificial machos altamente atractivos para las hembras y luego criando sus larvas en una planta productora situada en el estado mexicano de Chiapas. Las larvas son irradiadas con rayos gamma de cobalto 60, esterilizándolas. Como la hembra de esta mosca sólo se aparea una vez en la vida, si opta por uno de estos atractivos pero estériles machos, sus huevos no serán viables, evitando muertes de ganado y problemas económicos a los productores grandes y pequeños.

A principios de 2011, las autoridades malayas han anunciado que suspenden indefinidamente el plan piloto de liberación de entre 4 mil y 6 mil machos modificados genéricamente debido a las protestas de grupos ecologistas y de consumidores. Algunos de los argumentos para no emprender esta acción contra el dengue realmente alucinan, como el de Jaymi Heinbuch, que bien atendido en California nunca tendrá dengue, ni lo sufrirán sus hijos, y que asegura que hay “formas más holísticas” de evitar la difusión de la enfermedad. Menciona los esfuerzos para controlar las aguas estancadas, más costosos y que han fracasado después de años de lucha (pero que mejorarían enormemente si se utilizara DDT, uno de los demonios del pseudoecologismo), o aumentar el acceso de los malayos a la atención médica de calidad. Esto último es imposible dadas las condiciones del país, por holístico que le suene a un adepto al new age de California, pero además no prevendría la enfermedad, sólo ayudaría a reducir el número de muertes tratando a tiempo a quienes padecen los atroces síntomas del dengue.

El sufrimiento de los enfermos, al parecer, es lo bastante holístico para no preocupar a personas que se han autoproclamado los salvadores de la tierra.

Autor: Mauricio José Schwartz.

Visto en: El retorno de los Charlatanes.


A mí me funciona

10 noviembre 2010

Virtulinda y los elefantes

Cada media hora, más o menos y esté donde esté, la tía Virtulinda suelta sin previo aviso un aullido desgarrador, aletea entusiasta varias veces, se mete cuatro dedos en la boca y silba el tema de la Obertura 1812 de Tchaikovsky (en riguroso mi bemol) antes de imitar el ruido de arranque de un tren mientras da tres vueltas sobre el dedo gordo del pie derecho con los ojos en blanco, al cabo de lo cual continua la conversación como si no hubiera acontecido nada digno de mención, aunque los visitantes no advertidos suelen quedar bastante averiados y más de un infarto al miocardio se le ha atribuido a la práctica de Virtulinda. Cuando se le pregunta por qué desarrolla esa inquietante sucesión de actividades, Virtulinda explica que es  para ahuyentar a los elefantes. Por supuesto, uno comenta que en Cozumel, donde vive Virtulinda, no hay elefantes, ante lo cual ella esboza una amplia y satisfecha sonrisa de “deber cumplido” y sentencia: “Funciona, ¿lo ves?”

La tía Virtulinda está absolutamente convencida de que “a ella le funciona” el aleteo,el silbido, el tren y las vueltas, y que esas acciones, en ese orden, son las responsables de que la paradisíaca isla del Caribe mexicano no sufra de una peligrosísima plaga de elefantes rondando por sus modestos 647 kilómetros cuadrados de superficie.

Es imposible convencer a Virtulinda de que la ausencia de paquidermos en la isla se podría deber a otras causas. Y, por supuesto, no está dispuesta a realizar el obvio experimento de suspender sus ruidos y meneos a ver si su ausencia se traduce en la aparición súbita de una manada de elefantes en Cozumel, ya fuera africanos, asiáticos o de peluche.

Y si usted le dice a Virtulinda que no hay pruebas de que sus desfiguros mantengan alejados a los elefantes, lo azotará con el látigo de nueve colas de su desprecio o, si amaneció con la ciática, lo azotará con la sartén grande, certeramente aplicada al punto anatómico donde se encuentran el parietal, el temporal y el occipital, mismos que nunca más se volverán a encontrar, dejándole bastante estropeada la cajita de pensar.

Cuando se habla de supuestas prácticas curativas o terapéuticas, suele llegarse a un punto en que, confrontado el creyente con el hecho de que no existen pruebas, evidencias, estudios o validaciones sólidas para la práctica que le entusiasma, sea la homeopatía, la acupuntura, la quiropráctica o los sacrificios de corderos a Apolo, procede a quitarle importancia a ese detalle diciendo: “A mí me funciona”.

O sea, esta persona no necesita ni desea pruebas de laboratorio, ensayos clínicos, estudios epidemiológicos, análisis de farmacodinámica, bioquímica y fisiología, eficacia, toxicidad, riesgos varios, etc., porque considera que ya tiene una prueba suficiente la de su propia experiencia. Con similar frecuencia, cuando alguien expresa dudas sobre la eficacia de una práctica curativa, especialmente tratándose de algunas singularmente descabelladas como el reiki y la homeopatía, en vez de hablarse de estudios, evidencias, pruebas clínicas, etc., el proponente solicita al crítico que experimente por sí mismo la práctica curativa, convencido de que, al sentirse curado, el crítico dejará de lado también la necesidad o deseo de contar con pruebas de laboratorio, ensayos clínicos, estudios epidemiológicos, análisis de fármacodinámica, funcionamiento, eficacia, riesgos, etc.

De “La pulga snob” de Andrés Diplotti

Una lógica aplastantemente equivocada

¿Qué cadena de acontecimientos lleva a que alguien diga “a mí me funciona” respecto de tal o cual práctica supuestamente curativa?

En primer lugar, la persona tiene una enfermedad, afección, incomodidad, trastorno, dolencia, achaque, padecimiento, indisposición o alifafe al que llamaremos “A”. “A” puede haber  sido diagnosticado con las más recientes técnicas médicas o, cosa bastante frecuente, puede haber sido diagnosticado por la persona, la vecina del dieciséis, la comadre Matatena, la tía Válamedios, una señora en la cola de la compra, un actor en horas bajas en televisión o un pseudomédico con un título obtenido por Internet y en 15 minutos (como el título de especialista en medicina homeopática que tiene este blog). Ante este diagnóstico ya de por sí dudoso, la persona consume un producto o realiza una acción o se somete a un proceso supuestamente terapéutico a los que llamaremos “B”, y que pueden ir desde el consumo de heces de cabra (remedio esencial de la “medicina” ayurvédica) o de pildoras de azúcar sin nada más que azúcar, hasta que le pasen por encima un puro de hierbas malolientes (la tal “moxibustión” china) o incluso trasladarse a París para que un actorcillo con el seso en situación de desamparo le apriete fuertemente los testículos (remedio que según el actorcillo en cuestión, Alejandro Jodorowsky, es eficacísimo para algo). Pasado un tiempo no demasiado preciso, la persona siente que ha disminuido o ha desaparecido su enfermedad, afección, incomodidad, trastorno, dolencia, achaque, padecimiento, indisposición o alifafe, dice que se ha curado, a lo que llamaremos “C”.

Al decir “a mí me funciona”, la persona expresa la absoluta convicción de que el efecto C es producto, resultado, consecuencia y efecto de B sobre A. La acción B ha causado que A desaparezca y por tanto es curativa. Asunto concluido.

El problema, claro, es que esa lógica no es tan sólida como podría parecer a primera vista. Aunque se presente con frecuencia acompañada de una pasión vociferante y farisaica, casi religiosa y de un entusiasmo un poco exagerado.

La misma lógica se usa en situaciones como la siguiente:

Mal de ojo y brujería

El niño N está sano, un día lo mira el vecino V y poco después el niño sufre una dolencia E. La conclusión de la lógica que vimos en el “a mí me funciona” es que la dolencia E fue causada o provocada por la mirada del vecino V.

¿Le parece absurdo? No lo es. Es el supuesto “mal de ojo”, y por supuestamente causarlo, se ha linchado a una buena cantidad de seres humanos a lo largo de la historia. Un niño que tiene diarrea, que llora, etc., se considera con frecuencia (hoy en día y también en la Europa siglovigesimoprimérica, no en el pasado y entre tribus paleolíticas) víctima del mal de ojo, y los diarios e Internet están pletóricos de personas dispuestas a explicarnos el mal de ojo, enseñarnos cómo curarlo y hasta cobrarnos por curarlo. Mire aquí, aquí, aquíaquí o aquí sólo como ejemplos, hay literalmente cientos de miles, quizá millones de páginas en Internet que consideran que el mal de ojo es algo real.

Y no es que la gente que cree en el mal de ojo sea tonta. Como quien cree en la homeopatía, la acupuntura o cualquiera de los cientos de disciplinas pseudoterapéuticas a nuestro alcance y que quieren hurgar en nuestros bolsillos, simplemente usan una lógica incorrecta a la que le dan un valor muy superior al que tiene. Y los beneficiarios del cuento, los que hurgan en los bolsillos y se apropian los euros, no tienen ninguna intención de que aprendan una mejor lógica.

Razonablemente podemos decir que, vamos, a los niños les da diarrea continuamente, y lloran sin motivo hasta llevar a sus padres al borde de la locura y un poquito más allá, y que  las causas de la diarrea son muchísimas, no todas debidamente conocidas, y que muchas veces la diarrea se cura sola y que la diarrea y la mirada del desconocido simplemente han coincidido sin que una cause a la otra.

Y también puede serlo el que alguien se sienta mejor después de un pseudotratamiento no médico.

Si teníamos un sembradío en buenas condiciones y un día veíamos que pasaba la vecina tuerta solterona que tenía al gato negro y resultaba que poco después sufríamos una plaga y perdíamos la cosecha, no era infrecuente que la vecina tuerta fuera acusada de practicar la brujería y en no pocas ocasiones ejecutada con pocos miramientos.

El hecho de que una cosa ocurra después de otra no significa que sea causada por ella.

Claro que podemos decir que el paseo de la vecina tuerta y la plaga de la cosecha son una simple coincidencia, y evitarle a la mujer la pena de ser juzgada y condenada por bruja simplemente por decidir una relación causa-efecto que realmente no es nada fiable.

Y también puede serlo que alguien mejore después de un pseudotratamiento médico.

La falacia y la prueba

A este error se le conoce en lógica como falacia “post hoc, ergo propter hoc“, latinajo que significa “después de esto, por tanto a consecuencia de esto” y que se ve mejor escrito así:

El no tener claras las causas de algo es una forma de pensamiento mágico a la que habitualmente le llamamos superstición, es decir, le atribuimos un efecto a una causa que nos parece “lógica” o simplemente nos gusta. O nos dijeron que funcionaba.

A nuestro alrededor encontramos numerosas supersticiones que caen en esa falacia: futbolistas que un día que se pusieron los calzoncillos al revés marcaron un gol, y ahora se ponen los calzoncillos al revés en todos los partidos, sin que les afecte el hecho evidentísimo de que no marcan goles en todos los partidos.

El necio que sólo ve una de las posibles causas, ya no busca más explicaciones. Cree tener una explicación correcta sobre el origen del resultado y no se plantea siquiera la posibilidad de equivocarse. Su visión cerrada, para remate, suele acompañarse con la queja de que el crítico “no tiene la mente abierta” a su cerrazón de miras, y a su afirmación sin bases y de lógica achurruscada e inútil.

Esta forma de pensar nos hace llegar a conclusiones tajante aunque en realidad no tenemos datos suficientes para sostenerla. El que nuestro estado de salud mejore después de una práctica pseudoterapéutica no demuestra que ésta haya sido la causa de la mejoría. Hay muchísimos elementos que podrían afectar el resultado, entre ellos el que estemos tomando medicamentos basados en evidencias al mismo tiempo que realizamos la práctica mágica, un cambio en el clima, el que dejemos de usar una prenda de ropa que nos provoca reacciones, lo que comemos o dejamos de comer, la calidad del aire, la presión atmosférica, nuestro estado de ánimo, la temperatura ambiente y hasta un fenómeno muy sencillo que tiene el complicado nombre de “regresión estadística”, que nos dice que cuando existe un estado extremo, lo más probable es que se regrese a la situación media anterior. Por ejemplo, cuando estamos muy enfermos, lo más probable no es que empeoremos infinitamente, sino que nos sintamos mejor, asunto que sin conocerlo aprovechan muy bien numerosos vendedores de curaciones más que dudosas.

Otro elemento que es probablemente el más común es que la enfermedad corre su curso normal y desaparece como lo hacen la enorme mayoría de las afecciones. En los sitios pseudomédicos no es raro los testimonios del tipo: “tuve gripe durante la mayor parte de una semana, pero después de unos días me sentí mejor gracias a que tomé (pócima X)”. Pues no, con o sin la pócima X, el curso normal de una gripe es de una semana, donde los primeros días nos sentimos especialmente mal y luego vamos mejorando. Con o sin medicina, homeopatía, acupuntura o estridentes cantos a Changó, las gripes duran más o menos una semana.

Luego no podemos descontar las defensas de nuestro propio cuerpo. Salvo casos de especial gravedad, nuestro cuerpo se las arregla bastante bien para enfrentar y contrarrestar las enfermedades. Nuestro cuerpo tiene un complejo y bien afinado sistema inmunitario que reconoce y combate agentes patógenos (productores de enfermedades) de todo tipo, todo el tiempo. Mientras usted lee esto, las células NK de su organismo están destruyendo células infectadas por virus. Usted tiene esos virus, y bacterias, y protozoarios y células cancerosas, y procesos tóxicos de distinto tipo, y ni se entera, sigue feliz hasta el día en que su sistema inmunitario pierde una batalla y usted se siente mal, y busca ayuda.

Así que creer que una práctica determinada causa la curación de una enfermedad es, sin más, una superstición. ¿Cómo sabemos realmente qué es lo que causa, y en qué medida, una curación? El progreso logrado en el conocimiento del universo se lo debemos precisamente a que hemos ido conociendo las limitaciones de nuestra lógica y creamos un procedimiento (llamado “método científico”) diseñado para reunir conocimientos más eficazmente y someter a prueba diversas hipótesis hasta dar con la que mejor describe los hechos. Hechos como la plaga que se cargó nuestra cosecha, la diarrea del niño y la curación o mejora que experimentamos. Sólo estudiando con una lógica adecuada los hechos podemos decir con certeza que una diarrea está causada por una salmonela y no por el mal de ojo, y que se cura con el tiempo o, en casos muy graves, con antibióticos, pero no con arsénico como creen los homeópatas.

Igualmente, tenemos el problema de que hasta los más apasionados proponentes de alguna pseudoterapia aceptan que puede existir la curación C sin que se presente la supuesta causa B. Y sin embargo, pese a ello, siempre consideran que en su caso por supuesto que la causa fue B, aunque en otros pudiera pasar algo distinto. Y la mayoría de las veces no se dan cuenta de lo contradictoria y terriblemente interesada y egolátrica que es tal visión del mundo, además de carecer absolutamente de todo rigor.

Las afirmaciones como “tienes que creerlo porque yo lo he experimentado personalmente, me funciona, yo lo he visto” pertenecen a la clase de falacias (errores de lógica) llamadas “evidencia anecdótica” y no tienen ningún valor probatorio.

Esto con frecuencia enfurece a los creyentes.

Su furia se debe a que olvidan que hay gente que afirma “a mí me funciona” respecto de las afirmaciones más extrañas y descabelladas.

El asunto no es trivial, en lo más mínimo. Cuando uno está ante dos (o más) explicaciones del mismo fenómeno, necesita tener un procedimiento fiable, de eficacia demostrada, para poder evaluar correctamente cuál es la explicación más ajustada a la realidad.

Es decir, cuando desapasionadamente vemos los hechos, resulta que en el proceso que va de A, la aparición de la enfermedad, afección, incomodidad, trastorno, dolencia, achaque, padecimiento, indisposición o alifafe a C, la curación, han ocurrido muchas cosas, y ello nos plantea más preguntas que respuestas.


Para encontrar la verdadera causa de la curación C, lo que tenemos que hacer es investigar con seriedad el asunto. Estudiar a muchos enfermos que hayan padecido A, para ver cuál es el proceso normal de la enfermedad y a cuáles causas suele atribuirse. Podemos, por ejemplo, encontrar a personas que tengan la enfermedad A y, manteniendo controladas todas las demás posibles causas de una curación, hacer que la mitad de ellos se someta a los efectos de B (sustancia, práctica, ritual, etc.) y la mitad se enfrente a la enfermedad sin ayuda. Si resulta que los dos grupos se curan más o menos igual, podríamos decir que no es cierto que B cause la curación C. Aunque alguien crea que le funciona. Los estudios se hacen varias veces para asegurarnos de que el resultado no sea una coincidencia. Si B funciona, podemos empezar a ver qué dosis de B basta para, sin afectar demasiado al enfermo, provocar la curación. Si no funciona, hacemos lo mismo con C, D, E y demás.

A esto se le conoce como método científico. Simple y llanamente. Es una forma ordenada de obtener un conocimiento más fiable que el “a mí me funciona”, “me dijeron”, “tiene una larga tradición” o cualquier otro sistema de los que han fracasado estrepitosamente a lo largo de los milenios.

El método científico nos permite evaluar todas las posibles causas de un efecto hasta encontrar las que son, efectivamente, las responsables de tal efecto.

Más importante aún, este procedimiento nos permite averiguar cuándo y a quién “le funcionan” realmente algunos remedios. El medicamento ideal para doña Dietilamida Malamañana, rotunda diabética de 48 años, 40 de ellos sin hacer ejercicio más agotador que levantarse por la mañana, 120 kilos al ecuador, el colesterol tan alto que los aviones lo rodean, intolerante a la lactosa y en un proceso menopáusico de 8 grados en la escala de Richter podría no ser el remedio adecuado para Aerobindo Maratones, esbelto deportista de 66 kilos, 23 primaveras, las hormonas en estado de alerta total, un estómago capaz de digerir piedras y un habitual consumo de cerveza de tales proporciones que le han puesto una estrella con su nombre en la Oktoberfest.

El “a mí me funciona”, pues, incluso en las pocas ocasiones en que fuera cierto, no es garantía de que “le funcione” a nadie más y por tanto no es razonable, sano ni cuerdo el que la gente intercambie recetas con base en el dudosísimo “a mí me funciona”.
Vamos, si usted no le haría caso a su tío Frumencio, de profesión taxista, si le explicara cómo debe construir su casa o cómo hacer para reparar la red de ordenadores/computadoras de su oficina… ¿por qué le hace caso cuando le dice, injertado súbitamente en médico, que tome infusiones de hierba de nomejodas porque es buenísima para el reflujo y a él le funciona?

Ahora pregúntese usted por qué los vendedores de agua destilada (que gustan que les llamen “homeópatas” y hasta “médicos homeópatas”), los que creen en la magia de unas agujitas que afectan una energía que nadie ha visto (y que prefieren ser llamados “acupunturistas” y hasta “médicos acupunturistas”), los tuercecuellos que año tras año dejan paralíticos a muchos inocentes con sus violentas “correcciones” (a los que les gusta ser conocidos como “quiroprácticos”) y otros sacacuartos que se dejaron la vergüenza en los otros pantalones y que no saben de medicina más que el tío Frumencio no quieren someter sus filfas al método científico.

Siempre habrá alguien a quien “le funcione” cualquier tontería. Si le reza a Santa Tecla y se cura, supondrá que el rezo le funcionó. Si se toma una pócima de pelos de perro y ojos de sapo, supondrá que ésa fue la cura… Y como de la mayoría de las enfermedades nos curamos sin ayuda (con mayor o menor incomodidad), cualquier cosa puede parecer funcionar para mayor gloria de los que venden cosas no probadas.

Y claro, por eso pasan los berrinches que pasan los pseudomédicos, charlatanes, curanderos y vendedores de humo imaginario cuando pese a su reticencia, sus afirmaciones acaban poniéndose a prueba y resulta que no funcionan mejor que un placebo, es decir, un falso medicamento que sólo sirve para complacer (de allí el nombre) al paciente.

Y contundentemente, a día de hoy, ni la homeopatía, ni la acupuntura, ni la quiropráctica, ni las flores de Bach, ni el reiki, ni la chorromedicina ortomolecular, ni ninguno de los miles de delirios que inventan a diario los vagos que no quieren trabajar han demostrado servir para nada.

Salvo para mantener a los vagos que se agarran al “a mí me funciona”, siempre confiados en que al que “no le funcione” tampoco va a hacer demasiada alharaca, claro.

Y todo esto sin meternos, esta vez, con los horribles peligros de estas prácticas, las muertes, el dolor y la desesperación que siembran a su paso.

Autor: Mauricio José Schwartz.

Visto en: El retorno de los Charlatanes.

 

septiembre 26, 2010

A mí me funciona

Virtulinda y los elefantes

Cada media hora, más o menos y esté donde esté, la tía Virtulinda suelta sin previo aviso un aullido desgarrador, aletea entusiasta varias veces, se mete cuatro dedos en la boca y silba el tema de la Obertura 1812 de Tchaikovsky (en riguroso mi bemol) antes de imitar el ruido de arranque de un tren mientras da tres vueltas sobre el dedo gordo del pie derecho con los ojos en blanco, al cabo de lo cual continua la conversación como si no hubiera acontecido nada digno de mención, aunque los visitantes no advertidos suelen quedar bastante averiados y más de un infarto al miocardio se le ha atribuido a la práctica de Virtulinda. Cuando se le pregunta por qué desarrolla esa inquietante sucesión de actividades, Virtulinda explica que es  para ahuyentar a los elefantes. Por supuesto, uno comenta que en Cozumel, donde vive Virtulinda, no hay elefantes, ante lo cual ella esboza una amplia y satisfecha sonrisa de “deber cumplido” y sentencia: “Funciona, ¿lo ves?”

La tía Virtulinda está absolutamente convencida de que “a ella le funciona” el aleteo,el silbido, el tren y las vueltas, y que esas acciones, en ese orden, son las responsables de que la paradisíaca isla del Caribe mexicano no sufra de una peligrosísima plaga de elefantes rondando por sus modestos 647 kilómetros cuadrados de superficie.

Es imposible convencer a Virtulinda de que la ausencia de paquidermos en la isla se podría deber a otras causas. Y, por supuesto, no está dispuesta a realizar el obvio experimento de suspender sus ruidos y meneos a ver si su ausencia se traduce en la aparición súbita de una manada de elefantes en Cozumel, ya fuera africanos, asiáticos o de peluche.

Y si usted le dice a Virtulinda que no hay pruebas de que sus desfiguros mantengan alejados a los elefantes, lo azotará con el látigo de nueve colas de su desprecio o, si amaneció con la ciática, lo azotará con la sartén grande, certeramente aplicada al punto anatómico donde se encuentran el parietal, el temporal y el occipital, mismos que nunca más se volverán a encontrar, dejándole bastante estropeada la cajita de pensar.

Cuando se habla de supuestas prácticas curativas o terapéuticas, suele llegarse a un punto en que, confrontado el creyente con el hecho de que no existen pruebas, evidencias, estudios o validaciones sólidas para la práctica que le entusiasma, sea la homeopatía, la acupuntura, la quiropráctica o los sacrificios de corderos a Apolo, procede a quitarle importancia a ese detalle diciendo: “A mí me funciona”.

O sea, esta persona no necesita ni desea pruebas de laboratorio, ensayos clínicos, estudios epidemiológicos, análisis de farmacodinámica, bioquímica y fisiología, eficacia, toxicidad, riesgos varios, etc., porque considera que ya tiene una prueba suficiente la de su propia experiencia. Con similar frecuencia, cuando alguien expresa dudas sobre la eficacia de una práctica curativa, especialmente tratándose de algunas singularmente descabelladas como el reiki y la homeopatía, en vez de hablarse de estudios, evidencias, pruebas clínicas, etc., el proponente solicita al crítico que experimente por sí mismo la práctica curativa, convencido de que, al sentirse curado, el crítico dejará de lado también la necesidad o deseo de contar con pruebas de laboratorio, ensayos clínicos, estudios epidemiológicos, análisis de fármacodinámica, funcionamiento, eficacia, riesgos, etc.

De “La pulga snob” de Andrés Diplotti

Una lógica aplastantemente equivocada

¿Qué cadena de acontecimientos lleva a que alguien diga “a mí me funciona” respecto de tal o cual práctica supuestamente curativa?

En primer lugar, la persona tiene una enfermedad, afección, incomodidad, trastorno, dolencia, achaque, padecimiento, indisposición o alifafe al que llamaremos “A”. “A” puede haber  sido diagnosticado con las más recientes técnicas médicas o, cosa bastante frecuente, puede haber sido diagnosticado por la persona, la vecina del dieciséis, la comadre Matatena, la tía Válamedios, una señora en la cola de la compra, un actor en horas bajas en televisión o un pseudomédico con un título obtenido por Internet y en 15 minutos (como el título de especialista en medicina homeopática que tiene este blog). Ante este diagnóstico ya de por sí dudoso, la persona consume un producto o realiza una acción o se somete a un proceso supuestamente terapéutico a los que llamaremos “B”, y que pueden ir desde el consumo de heces de cabra (remedio esencial de la “medicina” ayurvédica) o de pildoras de azúcar sin nada más que azúcar, hasta que le pasen por encima un puro de hierbas malolientes (la tal “moxibustión” china) o incluso trasladarse a París para que un actorcillo con el seso en situación de desamparo le apriete fuertemente los testículos (remedio que según el actorcillo en cuestión, Alejandro Jodorowsky, es eficacísimo para algo). Pasado un tiempo no demasiado preciso, la persona siente que ha disminuido o ha desaparecido su enfermedad, afección, incomodidad, trastorno, dolencia, achaque, padecimiento, indisposición o alifafe, dice que se ha curado, a lo que llamaremos “C”.

Al decir “a mí me funciona”, la persona expresa la absoluta convicción de que el efecto C es producto, resultado, consecuencia y efecto de B sobre A. La acción B ha causado que A desaparezca y por tanto es curativa. Asunto concluido.

El problema, claro, es que esa lógica no es tan sólida como podría parecer a primera vista. Aunque se presente con frecuencia acompañada de una pasión vociferante y farisaica, casi religiosa y de un entusiasmo un poco exagerado.

La misma lógica se usa en situaciones como la siguiente:

Mal de ojo y brujería

El niño N está sano, un día lo mira el vecino V y poco después el niño sufre una dolencia E. La conclusión de la lógica que vimos en el “a mí me funciona” es que la dolencia E fue causada o provocada por la mirada del vecino V.

¿Le parece absurdo? No lo es. Es el supuesto “mal de ojo”, y por supuestamente causarlo, se ha linchado a una buena cantidad de seres humanos a lo largo de la historia. Un niño que tiene diarrea, que llora, etc., se considera con frecuencia (hoy en día y también en la Europa siglovigesimoprimérica, no en el pasado y entre tribus paleolíticas) víctima del mal de ojo, y los diarios e Internet están pletóricos de personas dispuestas a explicarnos el mal de ojo, enseñarnos cómo curarlo y hasta cobrarnos por curarlo. Mire aquí, aquí, aquíaquí o aquí sólo como ejemplos, hay literalmente cientos de miles, quizá millones de páginas en Internet que consideran que el mal de ojo es algo real.

Y no es que la gente que cree en el mal de ojo sea tonta. Como quien cree en la homeopatía, la acupuntura o cualquiera de los cientos de disciplinas pseudoterapéuticas a nuestro alcance y que quieren hurgar en nuestros bolsillos, simplemente usan una lógica incorrecta a la que le dan un valor muy superior al que tiene. Y los beneficiarios del cuento, los que hurgan en los bolsillos y se apropian los euros, no tienen ninguna intención de que aprendan una mejor lógica.

Razonablemente podemos decir que, vamos, a los niños les da diarrea continuamente, y lloran sin motivo hasta llevar a sus padres al borde de la locura y un poquito más allá, y que  las causas de la diarrea son muchísimas, no todas debidamente conocidas, y que muchas veces la diarrea se cura sola y que la diarrea y la mirada del desconocido simplemente han coincidido sin que una cause a la otra.

Y también puede serlo el que alguien se sienta mejor después de un pseudotratamiento no médico.

Si teníamos un sembradío en buenas condiciones y un día veíamos que pasaba la vecina tuerta solterona que tenía al gato negro y resultaba que poco después sufríamos una plaga y perdíamos la cosecha, no era infrecuente que la vecina tuerta fuera acusada de practicar la brujería y en no pocas ocasiones ejecutada con pocos miramientos.

El hecho de que una cosa ocurra después de otra no significa que sea causada por ella.

Claro que podemos decir que el paseo de la vecina tuerta y la plaga de la cosecha son una simple coincidencia, y evitarle a la mujer la pena de ser juzgada y condenada por bruja simplemente por decidir una relación causa-efecto que realmente no es nada fiable.

Y también puede serlo que alguien mejore después de un pseudotratamiento médico.

La falacia y la prueba

A este error se le conoce en lógica como falacia “post hoc, ergo propter hoc“, latinajo que significa “después de esto, por tanto a consecuencia de esto” y que se ve mejor escrito así:

El no tener claras las causas de algo es una forma de pensamiento mágico a la que habitualmente le llamamos superstición, es decir, le atribuimos un efecto a una causa que nos parece “lógica” o simplemente nos gusta. O nos dijeron que funcionaba.

A nuestro alrededor encontramos numerosas supersticiones que caen en esa falacia: futbolistas que un día que se pusieron los calzoncillos al revés marcaron un gol, y ahora se ponen los calzoncillos al revés en todos los partidos, sin que les afecte el hecho evidentísimo de que no marcan goles en todos los partidos.

El necio que sólo ve una de las posibles causas, ya no busca más explicaciones. Cree tener una explicación correcta sobre el origen del resultado y no se plantea siquiera la posibilidad de equivocarse. Su visión cerrada, para remate, suele acompañarse con la queja de que el crítico “no tiene la mente abierta” a su cerrazón de miras, y a su afirmación sin bases y de lógica achurruscada e inútil.

Esta forma de pensar nos hace llegar a conclusiones tajante aunque en realidad no tenemos datos suficientes para sostenerla. El que nuestro estado de salud mejore después de una práctica pseudoterapéutica no demuestra que ésta haya sido la causa de la mejoría. Hay muchísimos elementos que podrían afectar el resultado, entre ellos el que estemos tomando medicamentos basados en evidencias al mismo tiempo que realizamos la práctica mágica, un cambio en el clima, el que dejemos de usar una prenda de ropa que nos provoca reacciones, lo que comemos o dejamos de comer, la calidad del aire, la presión atmosférica, nuestro estado de ánimo, la temperatura ambiente y hasta un fenómeno muy sencillo que tiene el complicado nombre de “regresión estadística”, que nos dice que cuando existe un estado extremo, lo más probable es que se regrese a la situación media anterior. Por ejemplo, cuando estamos muy enfermos, lo más probable no es que empeoremos infinitamente, sino que nos sintamos mejor, asunto que sin conocerlo aprovechan muy bien numerosos vendedores de curaciones más que dudosas.

Otro elemento que es probablemente el más común es que la enfermedad corre su curso normal y desaparece como lo hacen la enorme mayoría de las afecciones. En los sitios pseudomédicos no es raro los testimonios del tipo: “tuve gripe durante la mayor parte de una semana, pero después de unos días me sentí mejor gracias a que tomé (pócima X)”. Pues no, con o sin la pócima X, el curso normal de una gripe es de una semana, donde los primeros días nos sentimos especialmente mal y luego vamos mejorando. Con o sin medicina, homeopatía, acupuntura o estridentes cantos a Changó, las gripes duran más o menos una semana.

Luego no podemos descontar las defensas de nuestro propio cuerpo. Salvo casos de especial gravedad, nuestro cuerpo se las arregla bastante bien para enfrentar y contrarrestar las enfermedades. Nuestro cuerpo tiene un complejo y bien afinado sistema inmunitario que reconoce y combate agentes patógenos (productores de enfermedades) de todo tipo, todo el tiempo. Mientras usted lee esto, las células NK de su organismo están destruyendo células infectadas por virus. Usted tiene esos virus, y bacterias, y protozoarios y células cancerosas, y procesos tóxicos de distinto tipo, y ni se entera, sigue feliz hasta el día en que su sistema inmunitario pierde una batalla y usted se siente mal, y busca ayuda.

Así que creer que una práctica determinada causa la curación de una enfermedad es, sin más, una superstición. ¿Cómo sabemos realmente qué es lo que causa, y en qué medida, una curación? El progreso logrado en el conocimiento del universo se lo debemos precisamente a que hemos ido conociendo las limitaciones de nuestra lógica y creamos un procedimiento (llamado “método científico”) diseñado para reunir conocimientos más eficazmente y someter a prueba diversas hipótesis hasta dar con la que mejor describe los hechos. Hechos como la plaga que se cargó nuestra cosecha, la diarrea del niño y la curación o mejora que experimentamos. Sólo estudiando con una lógica adecuada los hechos podemos decir con certeza que una diarrea está causada por una salmonela y no por el mal de ojo, y que se cura con el tiempo o, en casos muy graves, con antibióticos, pero no con arsénico como creen los homeópatas.

Igualmente, tenemos el problema de que hasta los más apasionados proponentes de alguna pseudoterapia aceptan que puede existir la curación C sin que se presente la supuesta causa B. Y sin embargo, pese a ello, siempre consideran que en su caso por supuesto que la causa fue B, aunque en otros pudiera pasar algo distinto. Y la mayoría de las veces no se dan cuenta de lo contradictoria y terriblemente interesada y egolátrica que es tal visión del mundo, además de carecer absolutamente de todo rigor.

Las afirmaciones como “tienes que creerlo porque yo lo he experimentado personalmente, me funciona, yo lo he visto” pertenecen a la clase de falacias (errores de lógica) llamadas “evidencia anecdótica” y no tienen ningún valor probatorio.

Esto con frecuencia enfurece a los creyentes.

Su furia se debe a que olvidan que hay gente que afirma “a mí me funciona” respecto de las afirmaciones más extrañas y descabelladas.

El asunto no es trivial, en lo más mínimo. Cuando uno está ante dos (o más) explicaciones del mismo fenómeno, necesita tener un procedimiento fiable, de eficacia demostrada, para poder evaluar correctamente cuál es la explicación más ajustada a la realidad.

Es decir, cuando desapasionadamente vemos los hechos, resulta que en el proceso que va de A, la aparición de la enfermedad, afección, incomodidad, trastorno, dolencia, achaque, padecimiento, indisposición o alifafe a C, la curación, han ocurrido muchas cosas, y ello nos plantea más preguntas que respuestas.

Para encontrar la verdadera causa de la curación C, lo que tenemos que hacer es investigar con seriedad el asunto. Estudiar a muchos enfermos que hayan padecido A, para ver cuál es el proceso normal de la enfermedad y a cuáles causas suele atribuirse. Podemos, por ejemplo, encontrar a personas que tengan la enfermedad A y, manteniendo controladas todas las demás posibles causas de una curación, hacer que la mitad de ellos se someta a los efectos de B (sustancia, práctica, ritual, etc.) y la mitad se enfrente a la enfermedad sin ayuda. Si resulta que los dos grupos se curan más o menos igual, podríamos decir que no es cierto que B cause la curación C. Aunque alguien crea que le funciona. Los estudios se hacen varias veces para asegurarnos de que el resultado no sea una coincidencia. Si B funciona, podemos empezar a ver qué dosis de B basta para, sin afectar demasiado al enfermo, provocar la curación. Si no funciona, hacemos lo mismo con C, D, E y demás.

A esto se le conoce como método científico. Simple y llanamente. Es una forma ordenada de obtener un conocimiento más fiable que el “a mí me funciona”, “me dijeron”, “tiene una larga tradición” o cualquier otro sistema de los que han fracasado estrepitosamente a lo largo de los milenios.

El método científico nos permite evaluar todas las posibles causas de un efecto hasta encontrar las que son, efectivamente, las responsables de tal efecto.

Más importante aún, este procedimiento nos permite averiguar cuándo y a quién “le funcionan” realmente algunos remedios. El medicamento ideal para doña Dietilamida Malamañana, rotunda diabética de 48 años, 40 de ellos sin hacer ejercicio más agotador que levantarse por la mañana, 120 kilos al ecuador, el colesterol tan alto que los aviones lo rodean, intolerante a la lactosa y en un proceso menopáusico de 8 grados en la escala de Richter podría no ser el remedio adecuado para Aerobindo Maratones, esbelto deportista de 66 kilos, 23 primaveras, las hormonas en estado de alerta total, un estómago capaz de digerir piedras y un habitual consumo de cerveza de tales proporciones que le han puesto una estrella con su nombre en la Oktoberfest.

El “a mí me funciona”, pues, incluso en las pocas ocasiones en que fuera cierto, no es garantía de que “le funcione” a nadie más y por tanto no es razonable, sano ni cuerdo el que la gente intercambie recetas con base en el dudosísimo “a mí me funciona”.
Vamos, si usted no le haría caso a su tío Frumencio, de profesión taxista, si le explicara cómo debe construir su casa o cómo hacer para reparar la red de ordenadores/computadoras de su oficina… ¿por qué le hace caso cuando le dice, injertado súbitamente en médico, que tome infusiones de hierba de nomejodas porque es buenísima para el reflujo y a él le funciona?

Ahora pregúntese usted por qué los vendedores de agua destilada (que gustan que les llamen “homeópatas” y hasta “médicos homeópatas”), los que creen en la magia de unas agujitas que afectan una energía que nadie ha visto (y que prefieren ser llamados “acupunturistas” y hasta “médicos acupunturistas”), los tuercecuellos que año tras año dejan paralíticos a muchos inocentes con sus violentas “correcciones” (a los que les gusta ser conocidos como “quiroprácticos”) y otros sacacuartos que se dejaron la vergüenza en los otros pantalones y que no saben de medicina más que el tío Frumencio no quieren someter sus filfas al método científico.

Siempre habrá alguien a quien “le funcione” cualquier tontería. Si le reza a Santa Tecla y se cura, supondrá que el rezo le funcionó. Si se toma una pócima de pelos de perro y ojos de sapo, supondrá que ésa fue la cura… Y como de la mayoría de las enfermedades nos curamos sin ayuda (con mayor o menor incomodidad), cualquier cosa puede parecer funcionar para mayor gloria de los que venden cosas no probadas.

Y claro, por eso pasan los berrinches que pasan los pseudomédicos, charlatanes, curanderos y vendedores de humo imaginario cuando pese a su reticencia, sus afirmaciones acaban poniéndose a prueba y resulta que no funcionan mejor que un placebo, es decir, un falso medicamento que sólo sirve para complacer (de allí el nombre) al paciente.

Y contundentemente, a día de hoy, ni la homeopatía, ni la acupuntura, ni la quiropráctica, ni las flores de Bach, ni el reiki, ni la chorromedicina ortomolecular, ni ninguno de los miles de delirios que inventan a diario los vagos que no quieren trabajar han demostrado servir para nada.

Salvo para mantener a los vagos que se agarran al “a mí me funciona”, siempre confiados en que al que “no le funcione” tampoco va a hacer demasiada alharaca, claro.

Y todo esto sin meternos, esta vez, con los horribles peligros de estas prácticas, las muertes, el dolor y la desesperación que siembran a su paso.

Google Chrome OS: ¿Tiene futuro?

14 julio 2009

La semana pasada fue anunciado de forma oficial que Google tiene planeado lanzar al mercado su propio sistema operativo. No puedo negar que Google Chrome OS es un sistema operativo interesante; entre sus características se encuentran el que esté basado en el núcleo de Linux y que pueda funcionar tanto en procesadores x86 como ARM; así como el que el sistema operativo sea, como su nombre lo indica, está basado en el navegador Google Chrome. Chrome OS está pensado para ser un sistema rápido, simple y seguro destinado primordialmente a estar instalado en las netbooks que salgan a lo largo de la segunda mitad del 2010.

En mi opinión Google Chrome OS es un sistema operativo que tiene un futuro incierto; como dije anteriormente Chrome OS es un sistema operativo pensado para ser instalado principalmente en netbooks, pero ¿qué para eso no había ya distribuciones como EEEbuntu y Ubuntu Netbook Remix? Además, si a esto agregamos el que la mayoría de las netbooks que se venden hoy en día vienen con Windows XP instalado, porque las personas comunes (nada de Geeks como yo) así lo desean y lo piden; Chrome OS lo tiene bastante difícil.

Otro de los puntos que creo podrían afectar la adopción de Chrome OS es que el sistema operativo no se basa en un navegador web, ¡el sistema operativo es el navegador web! todas las aplicaciones se encontrarán en la web y para poder acceder a ellas necesitaremos de estar conectados constantemente para trabajar, lo que nos lleva al tercer punto que quiero exponer.

Si la mayor parte de la población no sabe distinguir un navegador web de un motor de búsqueda, ¿cómo esperas que se desenvuelvan sin problema al decirles que ahora el navegador también es el sistema operativo? ¿Cómo reaccionarán al saber que para poder trabajar un documento de texto necesitan conexión a Internet? En casa esto no será mayor problema, ya que bastaría con conectar la netbook a la red mediante ethernet o wifi, pero ¿en caso de que salgamos y no tengamos ninguna red wifi libre a nuestra dispoción y tampoco contemos con un plan de datos para conectarnos a internet? Muchos podrían decir que bastaría llevarnos una laptop o netbook que tenga un sistema operativo más “tradicional”, pero entonces ¿qué caso tiene comprar una netbook con Google Chrome OS si ya tienes una que cubre tus necesidades cuando tienes y cuando no tienes conexión?

En conclusión, pienso que Google Chrome OS es un sistema que promete mucho, sin embargo no estoy muy convencido del enfoque que se le planea dar; no digo que no sea innovador, pero sí podría llegar a ser muy problemático para los usuarios inexpertos y para aquellos que compran netbooks sólo porque “es la moda”.

Yann Arthus-Bertrand: Home

7 junio 2009

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El pasado 5 de junio, con motivo de la celebración del día de la Tierra, el francés Yann Arthus-Bertrand, conocido por sus impresionantes fotografías aéreas en los libros The Earth from the air y The Earth from above, presentó a nivel mundial su película Home. Sin embargo Home, producida por Luc Besson, no es una película normal.

Home es distribuída libremente desde el pasado 5 de junio, no tiene ningún tipo de copyright. Cualquier persona puede descargar la película de Internet, además de ser daba de forma gratuita para las distribuidoras de TV y cine. También está disponible para que las escuelas, ciudades, ONGs y en general cualquier persona pueda usarla, descargarla, distribuirla y mostrarla libremente. Home es una película con la que no se obtendrá ningún ingreso.

Llegados a este punto muchos se preguntarán ¿entonces qué caso tiene hacer una película de la que no se va a obtener nada? Bueno, tal vez no se obtengan ganancias económicas, pero si se logra hacer que todas las personas que la vean cambien su forma de actuar entonces la película habrá ganado mucho más de lo que las ganancias económicas nos pueden dar, Home nos estará dando la oportunidad de enmendar nuestros errores y cambiar nuestra actitud hacia el medio ambiente; ya que Home es una película que busca concientizarnos sobre los grandes cambios que ha causado la mano del hombre sobre el planeta en los últimos 50 años, al mismo tiempo que tiene como objetivo el alertarnos del peligro en el que estamos poniendo a miles de especies de plantas y animales, así como a nosotros mismos si seguimos con nuestra conducta irresponsable hacia el planeta.

Home es una película que nos narra todo esto acompañada de maravillosas imágenes de la Tierra acompañadas de una banda sonora increíble, sin duda algua una película que todos deberían ver. A continuación los dejo con el trailer de Home.

Para los interesados pueden descargar la película mediante torrent aquí y pueden verla en YouTube hasta el 14 de junio aquí.

Regalos de Día de Reyes: Reproductores de MP3

5 enero 2009

Al igual que con mi especial de compras navideñas, hoy les traigo una guía de compras que cualquier friki/geek y persona normal podría apreciar, así que para ello quiero centrarme en los reproductores de MP3 ya que ¿quién no escucha música?

Sony Walkman NWZ-E438F

nwz-e438fEl Sony Walkman E438F es un reproductor de MP3 que también nos permite reproducir video en formato MP4.

Este reproductor se asemeja bastante a los terminales de la serie W de SonyEricsson, no por nada estos últimos llevan la denominación Walkman, pero pasando a las especificaciones técnicas que a final de cuentas es lo importante al momento de escoger un producto para regalar, comentarles que este reproductor además de soportar los formatos WMA, MP3 y ACC, así como MP4, también incluye un sintonizador de Radio FM.

En cuanto a la capacidad del reproductor, está va de los 2 a los 8 GB siendo el precio de éste último de $1,899.00 pesos mexicanos. Además de introducir música mediante Drag & Drop, también podremos hacerlo sincronizando este reproductor con iTunes o Windows Media Player, finalmente hay que mencionar que la duración de la batería es de 45 horas reproduciendo música y 9.5 si reproducimos video.

Samsung YP-U4AR

samsung-u4El Samsung U4 es un reproductor de MP3 de Samsung con forma de llave USB, poco hay que destacar de este equipo que entre otras cosas cuenta con Radio FM, pantalla de tipo OLED y teclas táctiles.

El reproductor se encuentra disponible en modelos de 2 y 4 GB siendo el precio de la última de $1,149.00 pesos.

iPod Shuffle

ipod-shuffleUno de los reproductores más pequeños del mercado, con unas dimensiones de 4.1 × 2.71 × 1.04 centímetros y un peso de sólo 15 gramos, el iPod Shuffle es el reproductor más barato de la familia.

En capacidades de 1 y 2 GB este iPod es ideal para quienes tienen una biblioteca musical reducida o para aquellos que no desean llevar su iPod Nano o Classic con ellos cuando van a hacer ejercicio.

El precio de este reproductor es de $799.00 para la versión de 1 GB y de $1,099.00 para la de 2 GB.

WordPress 2.7

5 diciembre 2008

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Ayer salió a la luz la nueva versión de WordPress 2.7 y hoy quiero compartir con ustedes algunos de los cambios realizados en la interfaz para que conozcan como trabajo tras bambalinas para distraerlos un momento de sus rutinas diarias.

Nuevo Tablero de WordPress

Nuevo Tablero de WordPress

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Microsoft e Internet

19 noviembre 2008

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Para muchos, hablar de la incursión del gigante de Redmond en la red es hablar de una cuenta de correo, un cliente de mensajería instantánea, un perfil de nuestro usuaro con un pequeño blog y poco más. Sin embargo, los tiempos cambian y la Internet es uno de los lugares donde más se notan los cambios, y si las empresas quieren mantenerse a flote deben de innovar constantemente.

Hasta hace algún tiempo este no era el caso de Microsoft, una empresa que se caracterizaba por ofrecer aplicaciones de escritorio y que, al lanzarse a realizar aplicaciones y servicios web, se encontró con que sus modelos de negocios no funcionaban como esperaban. Sin embargo, los errores que han cometido en el pasado en cuanto a estrategias en web se refiere, parece que están empezando a servir para que desde Microsoft se replantee sus objetivos.

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INX is not X: Lo he probado

12 octubre 2008

INX es una nueva distribución de linux basada en Ubuntu Hardy que tiene como principal característica el que se haya eliminado el servidor de X-Window, la razón de esta “aberración” es el crear una distribución que pruebe la potencia de la CLI (Inferfaz de línea de comandos), al mismo tiempo que puede ser usada como herramienta para aprender a usar la CLI.

Al ser pensado como una herramienta didáctica, INX puede descargarse y usarse, al menos por el momento, solo como un Live CD lo que nos permite poder hacer y deshacer sin temor a “hecharnos” alguna configuración, además al ocupar sólo 190 megas puede cargarse en la RAM para dejar la unidad de disco libre y poder reproducir música.

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Windows Live Wave 3: La he probado

27 septiembre 2008

Aunque la Wave 3 de Windows Live salió hace ya algún tiempo, no quería hacer ningún análisis hasta no haberla probado el tiempo suficiente como para estar seguro de lo que iba a hablar, así que después de haber ganado un poco de confianza en esto de hacer análisis chapuceros después de lo que hice con Chrome, les traigo el análisis de los servicios de la Wave 3 de los servicios de Windows Live.

Windows Live Messenger

Iniciamos este análisis con uno de los clientes de mensajería instantánea más usado en el mundo, el cual pese a haber cambiado de interfaz, al igual que cuando dejó de ser MSN Messenger para pasar a ser Windows Live Messenger, sigue manteniendo cierto parecido con la versión 8.5

Comparativa WLM 8.5 y WLM 9 Beta

Comparativa WLM 8.5 y WLM 9 Beta

Como se puede apreciar, la fuente con el nick del usuario es más grande, además de que los botones de Spaces, Carpetas Compartidas y Hoy en Windows Live desaparecen para dar más espacio al mensaje personal que ahora ocupa dos líneas. En la parte superior de la ventana solo aparece el avatar y el botón para acceder al correo electrónico.

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Google Chrome: Lo he probado

4 septiembre 2008

Después de probar el nuevo navegador de Google durante un tiempo considerable, mi opinión es que para ser una beta, es una versión muy estable y la cuál podría llegar a sorprender si se llegan a implementar nuevas funcionalidades y se da ese toque “Google” a las que ya implementa al igual que los demás navegadores.

Antes de empezar a hablar de la apariencia y usabilidad de Chrome, hay que resaltar la facilidad y sencillez del proceso de instalación del mismo. Para empezar debo mencionar que el instalador pesa menos de 500kb, después de descargar (o ejecutar desde internet) dicho archivo, el instalador iniciará automáticamente la descarga e instalación del navegador. Hay que resaltar que el proceso de descarga e instalación del navegador dura apenas unos pocos minutos. También cabe destacar que el proceso de instalación es sumamente limpio, la única pantalla que vemos, además de la de descarga, es la pantalla que nos permite importar todas las configuraciones del navegador que tengamos instalado por defecto.

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