Bacterias que viven sin luz ni oxígeno

Cataratas de Sangre, Antártida

Cataratas de Sangre, Antártida

Hace unos días investigadores de las universidades de Harvard y Cambridge publicaron en la prestigiosa revista Science un hallazgo que vuelve a redefinir los límites de lo que se considera habitable. El lugar en el que se realizó este gran hallazgo se encuentra en las Cataratas de Sangre en la Antártida; este lugar situado en la lengua del glaciar Taylor, debe su nombre a la presencia de oxido de hierro. Este paraje fue descubierto en 1911 por el geólogo australiano Thomas Griffith Taylor, que dio nombre al valle. Los primeros exploradores de la Antártida atribuyeron el color rojo a las algas rojas, pero posteriormente se ha demostrado que este fenómeno se produce por la presencia del óxido de hierro.

En este sorprendente ecosistema, hubicado en un lago subterráneo, situado en el Valle Seco de McMurdo, al este de la Antártida, bajo un glaciar de 1,5 kilómetros de espesor, habitan bacterias pese a no haber oxígeno, en completa oscuridad, con una temperatura de 10ºC bajo cero y en un agua cuatro veces más salina que el mar.

El hallazgo, al igual que muchos otros descubrimientos científicos, se realizó por pura casualidad. Mientras una investigadora permanecía junto al lugar justo el día oportuno, hubo un flujo de la salmuera subglacial r ecién filtrada que permitió tomar las primeras muestras y realizar los análisis que habían estado intentando durante años. El primer resultado de laboratorio mostró que el agua no contenía oxígeno. Además, era rica en sulfuro, propio de los ambientes marinos y con una concentración salina cuatro veces mayor que la de los océanos.

Eso dio pistas sobre su origen oceánico y la edad: entre 1,4 y cuatro millones de años, cuando gran parte de la Tierra estaba cubierta de hielo y el agua marina quedó atrapada bajo los glaciares en un lago de unos cuatro kilómetros de largo por 400 metros de ancho, que no está congelado debido a su elevada salinidad.

Pero lo realmente sorprendente es que los microbios que vivían entonces han seguido reproduciéndose y es el hogar de esos seres que han vivido ahí durante millones de años, aportando un ejemplo asombroso de cómo un sistema microbiano puede sobrevivir durante un periodo prolongado sin fotosíntesis o nutrientes de una fuente externa.

Según Jill A. Micucki y su equipo de investigación, el agua que contiene es anóxica, extremadamente salina, y repleta de hierro; también contiene sulfato, una fuente de energía común para microbios, pero curiosamente poco del sulfuro que generalmente se esperaría si los microbios estuvieran metabolizando el sulfato mediante su reducción a sulfuro.

Basándose en los isótopos de oxígeno en el sulfato y la evidencia de una enzima llamada adenosina 5 fosfosulfatoreductasa, los autores concluyen que los microbios están de hecho reduciendo el sulfato pero que lo están haciendo a través de un metabolismo hierro-sulfuro interconectado, el cual utiliza hierro de la base de sustrato rocoso del lago.

Los descubridores del nuevo hábitat proponen que los sistemas microbianos similares a este pueden haber existido durante los episodios de la llamada Tierra bola de nieve, cuando el planeta podría haber estado cubierto casi por completo de hielo.

Visto en: El mundo.

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